jueves, 18 de junio de 2009

Curso Interactivo "La Teosofía, un sendero hacia la sabiduría"



Los invito a que juntos hagamos un SENDERO de la TEOSOFÍA, introduciéndonos al conocimiento práctico de las leyes de la naturaleza objetiva y subjetiva, para lograr la ARMONÍA de nuestras vidas.
Pretendo a lo largo del curso que he diseñado, afianzar el conocimiento de las leyes, principios y procesos de la naturaleza, y encontrar las maneras de aplicarlas a muestra vida diaria.
El propósito principal del curso, es favorecer una comprensión más profunda de los conceptos básicos de la Doctrina Teosófica, con el fin de que todos los asistentes logren poner en movimiento "La Gran Ley" y todos sus aspectos que aparentemente se encuentran separados y estáticos, para alcanzar un estado de unicidad del hombre con el TODO.
Las herramientas y su aplicación de cada una de ellas serán el centro de todas las charlas: el amor, la inteligencia y la voluntad.
Mas informes con Miss Gloria, al 55466545 de 18 a 21 hrs de L a V, o comenta la entrada de este blog y con gusto te informaré, Te esperamos!

Acerca de la directora del Curso Interactivo
C.P. Leonor Ruiz Quintero, "nací en Mérida, Yuc. Miembro de la Sociedad Teosófica desde 1993, miembro del consejo nacional por 6 años, pertenecí a la soc. mexicana de filosofía donde me especialicé en estudios de Tarot, Cabalah y Anatomía Oculta y Astrología Esotérica. Actualmente colaboro en la logia Morya, habiendo sido Presidenta de ella 3 años, e imparto clases de Cabalah a miembros y simpatizantes de esta Sociedad"

¿Dónde?: Sede Nacional, Ignacio Mariscal No.126, Col. Tabacalera (entre el monumento a la Revolución y San Cosme) México DF, CP 06030
¿Cuándo?: Los Viernes, del 19 de Junio al 24 de Julio de 2009, de 19:00 a 20:15 horas
¿Cuánto?: $50 pesos por sesión, $250 por las 6 sesiones. (gratuito para miembros de la sociedad)

Más informes con Miss Gloria al 55466545 de 18 a 21 hrs de L a V, o mándame un comentario aquí y con gusto te informaré, Te esperamos.

domingo, 3 de mayo de 2009

El Campo Luminoso


Procedentes de Grecia habíamos llegado a Constantinopla un alegre y escogido grupo de turistas. Doce o más horas al día habíamos dedicado a subir y bajar por las escarpadas alturas de Pera, visitando lugares, encaramándonos en lo alto de los minaretes y abriéndonos camino entre jaurías hambrientas: los perros vagabundos, tradicionales dueños de las calles de Estambul. Se dice que la vida bohemia es contagiosa, y que ninguna civilización ha alcanzado a destruir el encanto de la libertad omnímoda una vez que se han gustado sus dulzuras. El gitano no puede vivir sin su tienda portátil, que es su carro, ya veces el viaje a pie es para él una segunda naturaleza, una fascinación irresistible de su nómada y precaria existencia. Mi principal cuidado, por tanto, desde que entré en Constantinopla, fue el de evitar que mi perdiguero Ralph cayese también víctima de tamaño contagio viniendo en ganas de unirse alegremente a los beduinos de su canina raza que infestaban las calles de la ciudad.
Aquel hermoso camarada de mi perro era mi más fiel y constante amigo, y temeroso de perderle, le vigilaba en sus menores impulsos; pero el pobre animal se portó durante los tres primeros días como un cuadrúpedo medianamente educado. A las imprudentes acometidas de sus congéneres mahometanos, su única respuesta era la de meter el rabo entre piernas, bajar humildemente las orejas y buscar acobardado la protección de cualquiera de nosotros. Viéndole, pues, tan refractario a las malas compañías empecé a confiarme en su discreción y disminuyendo mi vigilancia, pero de allí a poco tuve que lamentar el haber puesto una excesiva confianza en mala parte. En un momento de descuido, unas sirenas de cuatro patas le sedujeron traidoras, y lo único que de él vi fue la punta de su gallardo rabo desapareciendo en sucia y tortuosa callejuela.
Inútiles resultaron después las pesquisas practicadas para dar con el paradero final de mi mudo compañero. Ofrecí veinte, treinta, cuarenta francos a quien le hallase y me te trajese. En un momento se puso en su busca una legión de malteses más vagabundos que los mismos perros, y que asaltaron nuestro hotel trayendo sendos perros sarnosos en sus brazos, perros que pretendían hacer pasar por mi fiel amigo. Mientras más me resistía yo a semejante matute, más porfiaban ellos, y uno de aquellos miserables, cayendo de rodillas y sacando del pecho una antigua y corroída medalla de la Virgen, llegó hasta a jurarme que la misma Reina del Cielo se le había aparecido para indicarle cuál era el verdadero animal. Un momento hasta me temí que la súbita desaparición de Ralph determinase un curioso motín, como acaso habría ocurrido si nuestro patrón no hiciese venir a una pareja de kavasses o policías que se encargaron de aventar corteses a aquella turba de bípedos y de cuadrúpedos.
Sospeché entonces que ya no volvería a ver más a mi perrito, y aun acabé por perder toda esperanza, cuando el conserje del hotel –un honorable ex salteador de caminos, hombre que no habría pasado menos de media docena de años como penado en las galeras –me aseguró solemnemente que todas mis pesquisas serían inútiles, pues mi perdiguero habría sido muerto y devorado por sus congéneres, dado que los perros turcos vagabundos encuentran muy de su gusto las carnes de sus sabrosos hermanos los perritos de Inglaterra.
La anterior escena había ocurrido en plena calle, a la puerta del hotel, y ya iba a retornar a mis habitaciones, cuando una anciana griega, que me había estado oyendo desde el umbral de una casa cerrada, dijo a mi acompañante Miss H… que, si queríamos, podía interrogarse sobre el caso a los derviches.
–¿Y qué pueden saber esas gentes acerca del paradero de mi can? Les respondí con ironía.
–Los hombres santos lo saben todo, para ellos no hay secretos– objetó misteriosamente la anciana. –La semana pasada me robaron un abrigo nuevo que mi hijo me trajo de Brusa y, como veis, lo recobré y lo tengo puesto.
–Pero, entonces, los santos hombres os le han transformado también de nuevo en viejo –añadió uno de los de la partida señalando a un gran jirón preso con alfileres que mostraba el abrigo en la espalda.
–Esta es, precisamente, la parte más grave de mi historia –contesté la vieja con
aplomo; –porque, habéis de saber que ellos me mostraron en el espejo mágico el barrio, la casa y hasta la habitación donde el judío que me le robase estaba en aquel instante haciéndole pedazos. Mi hijo y yo volamos al punto al barrio de Kalindijkulosek donde atrapamos al ladrón en plena faena, al mismo ladrón que habíamos visto en el espejo y que, convicto y confeso, pronto fue metido en la cárcel.
Aunque ninguno de los de la partida sabíamos qué podría ser aquello del espejo mágico de los derviches, resolvimos ir a ver a uno de éstos al otro día. En efecto, apenas los muecines, con monótono vocear, habían cantado desde los altos minaretes la hora del mediodía, descendimos desde la colina de Pera hasta el puerto de Gálata, abriéndonos paso a codazos por entre los abigarrados concurrentes al mercado. Aquella Babel de cien lenguas; aquella ensordecedora algarabía nos levantaba dolor de cabeza.
Por otra parte, allí no hay medio de orientarse ni de buscar las calles por sus nombres ni las casas por su número, y hay que confiar en Alab y en su profeta, cuando no en las vagas indicaciones de la proximidad del punto que se busca a tal edificio o mezquita.
A costa, pues, de mil rodeos y pesquisas, acabamos por encontrar el barrio donde se vendían cosas inglesas, detrás del cual se encontraba el sitio al que nos dirigíamos.
Aunque el guía de nuestro hotel no sabía tampoco el retiro de los “santos hombres”, un chicuelo griego, en toda la sencillez del desnudo más nativo, consintió, mediante una moneducha de cobre, en llevarnos a la presencia de uno de aquellos adivinos.
Penetramos en un sombrío salón, que más bien parecía establo abandonado. El piso, largo y estrecho, estaba cubierto de arena, y sólo recibía luz por pequeñas ventanas allá arriba. Los derviches, terminados sus ritos matinales, descansaban, sin duda, unos tendidos cuan largos eran, otros recostados, y en pie, con extraviada mirada meditando, nos dijeron, acerca de la Deidad invisible. Todos ellos parecían de inerte mármol, sin responder a nuestras preguntas. Nuestra perplejidad acabó pronto, sin embargo, cuando uno de ellos, seco y alto, con una puntiaguda gorra que le hacía parecer mucho más alto aún, surgió no sé de dónde, diciéndonos que él era el superior de aquella comunidad de santos, añadiendo que no nos habían respondido porque cuando, mediante la oración, se ponen en comunicación con Alah, no se les puede interrumpir por motivo alguno.
Nuestro intérprete explicó al viejo que nuestra visita sólo a él se dirigía, puesto que él era el depositario de la varilla adivinatoria. Al punto nos extendió la mano en demanda de la previa limosna. Luego que se hubo guardado ésta, se negó a practicar ceremonia alguna para la averiguación del paradero del perro más que ante dos miembros solamente de nuestra comitiva, que fueron Miss H… y mi persona.
Ambos penetramos seguidamente tras el derviche a lo largo de un corredor semisubterráneo; subimos por una escalera portátil a una pieza artesonada, y de ella hasta un miserable desván, lleno de polvo y de telarañas. Allí vimos en un rincón un bulto, que yo creí era un montón corno de trapos viejos y que se movió poniéndose en pie. Era la criatura más deforme y astrosa que en mi vida he visto. Una mujer–niña; una enana hidrocéfala e imponente, con unos hombros de granadero, y por piernas dos patitas de araña, piernas arqueadas que apenas si podían soportar la desproporción de la feísima mole de su cuerpo. Su cara, burlona y agresiva como la de un sátiro, mostraba una media luna roja pintada sobre su frente; su cabeza se escondía bajo un mugriento turbante; sus piernas ostentaban grandes bombachos turcos; una sucia muselina envolvía su cuerpo, alcanzando apenas a cubrir las deformidades de sus carnes, llenas de tatuajes, signos y letras árabes.
La espantosa criatura se desplomó más que se sentó en medio de la pieza, levantando una molesta nube de polvo; ¡era la famosa Tatmos, el oráculo de Damasco, al decir de las gentes! Al punto el derviche trazó con tiza en torno de la muchacha un círculo de unos tres pies de radio; sacó, no sé de dónde, doce lamparitas de cobre, que llenó del contenido negruzco de una botella que ocultaba en su pecho y las colocó sin simetría en torno de la víctima; de un entrepaño de la desvencijada puerta arrancó una astilla y, cogiéndola entre el pulgar y el índice, empezó a soplarla a intervalos regulares, mascullando al par oraciones, fórmulas como de encantamiento, hasta que de pronto, y sin causa ostensible, brotó una chispa de la astilla que comenzó a arder corno una seca pajuela.
Con aquel fuego, tan extrañamente obtenido, comenzó a encender las doce lámparas del círculo. Tatmos la adivina, que hasta entonces había yacido inerte, se quitó rápidamente los bombachos y los arrojó al rincón, dejándonos al descubierto con sus monstruosos pies, la belleza adicional de un sexto dedo. El derviche, por su parte, entró en el círculo, y, cogiéndola por los tobillos, la alzó cual un saco de patatas, poniéndola bonitamente cabeza abajo, balanceándola en esta posición como un péndulo, y acabando por hacerla girar en el aire del más extraño modo.
Mi compañera, Miss H…, aterrada ante el estupendo caso que tenla a la vista, huyó a refugiarse en el ángulo más apartado, mientras que la enana, bajo el impulso del derviche, acabó por adquirir un movimiento rotatorio, como el de una peonza, durante dos minutos, hasta que fue disminuyendo y cesó por completo.
La infeliz enana, así mesmerizada, parecía sumida en un estado como de catalepsia, con su barba sobre el pecho, y espantosa sobre toda ponderación. El derviche luego cerró cuidadosamente la única ventana del recinto y habríamos quedado a obscuras a no ser por un agujero de la misma, por donde penetraba un rayo de sol, que venia a caer exactamente sobre la muchacha. Nos impuso silencio con ademán solemne, cruzó los brazos sobre el pecho, y, fijando su mirada en el punto brillante que caía sobre la cabeza de Tatmos, quedó tan inmóvil como ella, mientras yo me deshacía en cábalas pretendiendo averiguar qué relación podrían tener tamañas extravagancias con la averiguación del paradero de mi Ralph.
El disco brillante que demarcaba el rayo de sol se fue convirtiendo, no sé cómo, en una estrella brillante. Por inexplicable fenómeno de óptica, la estancia que antes había estado pobremente iluminada por aquel rayito de luz, se fue obscureciendo más y más a medida que aumentaba en brillantez la estrella, hasta que nos vimos envueltos en una obscuridad verdaderamente cimeriana, mientras que la estrella titilaba y giraba lentamente al principio; luego, con vertiginosa rapidez, creciendo hasta envolver a la enana como en un océano luminoso. Finalmente, la estrella decreció en su giro, al par que se iba apagando con los suaves destellos de la luna en el agua, iluminando sin penumbras el círculo y dejando el resto en absoluta obscuridad.
Llegado así el supremo momento, el derviche, sin pronunciar palabra, alargó la mano, con la que me cogió la mía, señalándome el círculo luminoso. Por todo su ámbito vimos como formarse y condensarse flóculos blanquecinos de plateado brillo lunar, los cuales constituyeron bien pronto informes figuras cambiantes, al modo de reflexiones astrales en un espejo. Pronto, con asombro por mi parte, y con la consternación de mi amiga, se nos presentó, en el panorama así formado, el puente principal, que une a la antigua con la nueva ciudad, atravesando el Cuerno de Oro desde Gálata a Estambul. Vimos deslizarse por el Bósforo los alegres caiques; el hormiguear de la ciudad; las quintas; los palacios y demás edificios encarnados, reflejándose fantásticos en las aguas iluminadas por el sol del mediodía y desfilando mágicamente, hasta el punto de que no podíamos discernir si era todo aquello lo que se movía o nos movíamos simplemente nosotros. Lo más extraño del caso era que, no obstante toda aquella agitada vida que se mostraba a nuestra vista, no se escuchaba el menor ruido, sino que se desarrollaba en el silencio angustioso de un ensueño singular… Las calles iban sucediéndose unas a otras en raudo desfilar nuestro o suyo. Ora pasaba una tienda de estrecha callejuela; ora un café turco lleno de fumadores de opio en el momento en que uno de éstos vertía inadvertido el café y el narghilé sobre su vecino, recibiendo de él una sarta de injurias. De visión en visión llegamos as¡ ante un gran edificio, en el que reconocí el palacio del Ministerio de Hacienda, y allí, ¡oh, dolor! en los fosos traseros del mismo, moribundo y lleno de fango su sedoso pelo, yacía mi pobre perro Ralph, rodeado de otros perros de pésima catadura, que se entretenían en cazar moscas a la sombra…
Sabía ya, pues, cuanto deseaba, aunque no había dicho ni una palabra acerca del perro al derviche. impaciente por comprobar lo de mi perro traté de salir, pero, desaparecida ya la escena, Miss H… se colocó a su vez al lado del derviche, murmurando en su oído no sé qué palabras con ese tono ardiente y apasionado con que suelen las jóvenes enamoradas hablar del adorado él.
–Pensaré en él –dijo.
No bien formulado casi mentalmente el deseo que tales palabras entrañaban, cuando se nos presentó una gran planicie de arena, en cuyo fondo se veía el azulado mar bajo los rayos del sol y un gran vapor surcando las aguas a lo largo de la costa, seguido de blanca estela. La cubierta hormigueaba de pasajeros, y entre ellos resaltaba, apoyado contra la barandilla de popa, un apuesto joven… ¡Era él!
Miss H… suspiró, se sonrió y sonrojó alternativamente con la natural emoción. Después concentró de nuevo su pensamiento, y he aquí ya que al par el barco se aleja y desaparece. El espejo mágico queda unos momentos sin panorama. Mas bien pronto otras manchas luminosas aparecen en su faz, que componen al fin el ámbito de una biblioteca con alfombra y cortinones verdes. Ante un montón de libros y sentado en una frailera, está escribiendo un anciano a la luz de la lámpara. Su cabello es gris y está peinado hacia atrás; su cara toda afeitada y respirando benevolencia…
El derviche hizo entonces un pequeño movimiento con la mano, imponiéndonos silencio. La luz del mágico campo palideció y de nuevo que damos sin ver imagen ninguna. De allí a poco tornó a mostrársenos Constantinopla, y con ella nuestra habitación del hotel con sus libros y periódicos sobre la mesa; el sombrero de viaje de mi amiga colgado en la percha, y sobre su cama el vestido que se había quitado aquella mañana para venir. Los detalles más reales completaban el cuadro, y para mayor maravilla vimos sobre la mesa dos cartas sin abrir, recién traídas por el correo y cuya letra de los sobres al punto fue reconocida por mi amiga. Eran ambas de un pariente suyo muy querido, por cuyo silencio se sentía inquieta hacía días.
Nuevo cambio de la mágica escena, y henos ya como en el cuarto ocupado por el hermano de Miss H…, quien yacía echado hacia atrás en un sillón, mientras que un criado le ponía paños en la cabeza, de la que con horror vimos que salía sangre. No acertábamos a explicarnos aquello, habiéndole dejado hacía una hora y en perfecta salud. Miss H… lanzó un grito, y cogiéndome presurosa por la mano se lanzó hacia la puerta. Llegamos presurosos a casa, pudiendo comprobar, en efecto, que el joven hermano de Miss H… acababa de caerse por la escalera, produciéndose una herida de escasa importancia; que sobre la mesa de nuestro gabinete esperaban, recién traídas, dos cartas dirigidas a Miss H… por un pariente desde Atenas. No me faltó más para comprobar en un todo nuestras visiones de el campo luminoso del espejo mágico del derviche, sino tomar un carruaje, dirigirnos hacia el Ministerio de Hacienda, en cuyo foso, tal y como tuviese la desdicha de verle en aquel espejo, estropeado, famélico, pero aún con vida, yacía mi hermoso perdiguero, rodeado de otros perros de mal aspecto que cazaban moscas…
Cuento publicado en "Narraciones ocultistas y cuentos macabros" de H.P. Blavatsky

sábado, 7 de marzo de 2009

¿Qué Es La Teosofía?



La pregunta básica para todos aquellos que llegan buscando, demos primero parte de la definición que nos da H.P.Blavatsky en uno de sus articulos publicados en Theosophist, en Octubre de 1879:

"...la Teosofía es la arcaica Religión-Sabiduría, la doctrina esotérica un tiempo familiar en todo país antiguo considerado civil. Según nos muestran todas las escrituras antiguas, esta "Sabiduría" era una emanación del Principio divino cuya clara comprensión está representada en nombres como el hindú Buddh, el babilonio Nebo, el egipcio Thoth, el griego Hermes y también en los patronímicos de algunas diosas: Metis, Neitha, Atena, la Sophia gnóstica y finalmente los Vedas, cuyo nombre deriva del verbo "conocer." Todos los antiguos filósofos orientales y occidentales, los hierofantes egipcios, los rishis de Aryavarta y los theodidaktoi griegos incluían, bajo esta designación, el conocimiento completo de las cosas ocultas y esencialmente divinas. Al Mercavah de los Rabinos judíos, las series seculares y populares, se le designaba simplemente como el vehículo, el recipiente externo que contenía el conocimiento esotérico. Los Magos de Zoroastro recibían su instrucción e iniciación en las cuevas y en las logias secretas de Bactria, los hierofantes egipcios y griegos tenían sus apporrheta o discursos secretos durante los cuales el Mysta llegaba a ser un Epopta: un Vidente." "...Es notorio que Zoroastro, Buddha, Orfeo, Pitágoras, Confucio, Sócrates, y Ammonio Sacas no escribieron nada. La razón de ésto es obvia. La Teosofía es un arma de doble filo e inadecuada para el ignorante o el egoísta. Análogamente a cada filosofía antigua, tiene sus defensores entre los modernos; sin embargo, hasta recientemente, sus discípulos eran un grupo muy exiguo y procedían de las sectas y opiniones más variadas. Eran completamente especulativos y aunque no fundaron ninguna escuela, lograron ejercer una influencia silenciosa en la filosofía. Indudablemente, en el momento propicio, muchas ideas así tácitamente propagadas, podrán impartir nuevas direcciones al pensamiento humano. Esta observación es de Kenneth R. H. Mackenzie IX..."

Simmons en su CURSO BÁSICO DE TEOSOFÍA nos dice:
"La Teosofía puede quizá considerarse como una síntesis de religión, filosofía y ciencia. No puede decirse que sea precisamente una religión, pues no ata al individuo a ninguna creencia o credo, sino que es una dedicación a la búsqueda eterna de lo Divino por el hombre. Las religiones del mundo son métodos para esta búsqueda y por tanto son temas para estudio teosófico. Puede decirse que la Teosofía parte de la afirmación fundamental de la existencia de una Fuente o Principio Divino, llamado por nombres diversos en partes diferentes del mundo y durante épocas diferentes."

sábado, 14 de febrero de 2009

Quinto Encuentro Teosófico

Con el título de "Una conciencia transformadora para el nuevo Milenio" dió María Carmen César de la sección española, sus conferencias, una de las cuales "La Teosofía en el siglo XXI", nos plantea la idea de como se debe llevar la vida teosófica en este siglo tan vóragine y en el cual pareciera no hubiera lugar para el espiritualismo.
Si Madame Blavatsky hubiera contado con las herramientas de hoy en día, talvez habría difundido con mayor rápidez y eficacia los conocimientos que tan valiosos han resultado para la humanidad.
Las palabras "karma" o "reencarnación" son ya hoy parte del vocabulario de la cultura occidental, y ésto en gran parte en que personas como Blavatsky o Annie Besant difundieron los conocimientos de Oriente hace ya más de cien años.
Sin embargo, hoy siguen aún un poco desvirtuados ese tipo de conceptos, y hoy en día proliferan sectas y agrupaciones "new age" que toman ese tipo de conceptos para hacer de ellos doctrinas del momento y con fines de lucro. Tengamos cuidado de ellas y sigamos en nuestro camino, nuestro objetivo que es mantener una fraternidad universal entre todos los credos, sexos, razas y pensamientos.
Aqui un video del evento.

sábado, 3 de enero de 2009

Teosofía a la Poblana

A mediados de Diciembre de 2008 la Sociedad Teosófica en Puebla cerró actividades con la visita del Dr. Alexis Herrera de la logia de Veracruz, expuso "descondicionamiento, un nuevo nacimiento".
¿Cómo podria resumir la ponencia de Alexis? Cónocete a ti mismo, simple.
No podemos seguir con los condicionamientos que nos impone la sociedad, como el miedo, el rencor, el mal comer, la envidia, ese espíritu de siempre competir, de siempre querer más y más dinero, de chismorrear, etc
El conocimiento del cuerpo humano (sus 7 cuerpos) nos puede llevar a conocer la estructura del universo, porque "lo que es arriba es abajo, lo que es adentro es afuera" Analogías cósmicas, y es entonces ahi, donde el hombre fluye y no se deja llevar por tiranías mentales.
Dejo el video, donde en su mayor parte salen dos personas con conocimientos admirables: María Mengelt y Alexis Herrera (no le llamen doctor, Alexis o Negro, por favor!)

viernes, 12 de diciembre de 2008

Escuela de Otoño





En la Sociedad Teosófica, sede nacional mexicana, se celebra cada año una escuela, donde es tratado un tema, que en esta ocasión fue "El Peregrino en la Eternidad". Se le llama escuela de otoño porque siempre se lleva a cabo en otoño, esa estación café.
¿Por qué peregrino en la eternidad? El hombre es un peregrino, su esencia, sus tres cuerpos mas elevados nunca mueren, sino sólo sus 4 cuerpos inferiores, y en cada encarnación, esos 3 cuerpos se revisten de materia fisica y astral, pero la esencia va peregrinando por la eternidad, hasta el final del manvantara, donde se hará uno con el Uno.
"Ahora bien; la evolución de la forma externa o cuerpo en torno del astral, es producida por las fuerzas terrestres, lo mismo que en el caso de los reinos inferiores; pero la evolución del Hombre interno o real, es puramente espiritual. Ya no es el paso de la Mónada impersonal al través de muchas y variadas formas de materia -dotadas todo lo más con instinto y conciencia en un plano por completo diferente-, como en el caso de la evolución externa; es un viaje del “Alma-Peregrino” al través de estados diversos, no sólo de materia, sino de conciencia y percepción propias, o de percepción desde la conciencia del conocimiento interno...Pero durante todo el transcurso del tiempo es, sin embargo, una y la misma Mónada, diferenciándose solamente en sus encarnaciones al través de sus ciclos, que continuamente se suceden, de obscuración parcial o total del espíritu, o de obscuración parcial o total de la materia -dos antítesis polares- según asciende a los reinos de la espiritualidad mental, o desciende a los abismos de la materia."
Asi explica un poco Blavatsky en la doctrina secreta vol. 1 el porque se le llama al hombre un peregrino.
Gracias a Huauhtli por las fotos del evento.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Pralaya

La vida son ciclos, son respiros, inspiracion y espiraciones, dias y noches.
Para la teosofía son Manvantaras y Pralayas. Un manvantara es un período de actividad, de manifestación, un pralaya es uno de no manifestación, de reposo, de energía potencial. Obvio, las duraciones en años solares son grandísimas, pues se dice que nuestro actual periodo de manifestación o actividad dura 4320 millones de años (y yo me quejo porque una semana laboral es eterna!) y el pralaya siguiente durará lo mismo.
Esto quiere decir que el Kosmos (si, con K, no es que me guste escribir como los ignorantes, el Kosmos es diferente del cosmos) dura millones de años dormido y los mismos millones despierto.
Yo, me hallo en un pralaya, pues por el momento no tengo una conexión a internet en mi casa ni un punto fijo, pero ya lo tendré y seguiré con este blog...gracias por tus aportes Jorge, me pondré en contacto con vos

jueves, 23 de octubre de 2008

Lunas de Octubre


¿Qué misterio nos provoca la Luna al mirarla? En el glosario Tesófico se dan algunas definiciones sobre nuestro satélite nátural, hay mucho más que decir sobre ella, pero éste es un buen compendio sobre esa hermosa que alumbra nuestros cielos de Octubre:
Luna.- El satélite de la tierra ha figurado muchísimo como emblema en las religiones de la antigüedad, y lo más comúnmente se la ha representado como femenina, pero esto no es universal, puesto que en los mitos de los teutones y de los árboles, lo mismo que en el concepto de los râjputs de la India (véase: Tod., Hist.), y en la Tartaria, la luna era del género masculino. Los autores latinos hablan de Luna y también Lunus [masculino], pero con suma rareza. El nombre griego de Selene, y el hebreo de Lebanah y también Yarcah. En Egipto, la luna estaba asociada con Isis, en Fenicia con Astarté y en Babilonia con Ishtar. Desde ciertos puntos de vista, los antiguos consideraban la luna también como un ser andrógino. Los astrólogos asignan a la luna una influencia sobre diversas partes del hombre, segun los varios signos del Zodíaco que atraviesa, así como una influencia especial producida por la casa que ocupa en un horóscopo. La división del Zodíaco en las veintiocho mansiones de la luna parece ser más antigua que la división en doce signos. Los coptos, egipcios, árabes, persas e indos se servían de la división en veintiocho partes, hace ya algunos siglos, y los chinos se sirven de ella todavía. Los herméticos decían que la luna dio al hombre una forma astral, mientras que la Teosofía enseña que los Pitris lunares fueron los creadores de nuestro cuerpo humano y de los principios inferiores. (Véase: Doctr. Secr., I, 386, edic. antig. –W.W.W.). [La luna es por excelencia la Deidad de los cristianos, sin saberlo ellos mismos, por mediación de algunos judíos mosaicos y cabalistas. Para algunos antiguos Padres de la Iglesia, tales como Orígenes y Clemente de Alejandría, la luna era el símbolo viviente de Jehovah: el dador de vida y de muerte, el que dispone de la existencia (en nuestro mundo). El cristianismo es una religión enteramente basada en el culto solar y lunar. (Doctr. Secr., I, 415, etc.). La luna es la Diva triformis, el Tres en Uno: Luna en el cielo, Diana en la tierra, y Hécate en el infierno. Las influencias de la luna son de orden psicofisiológico. Es un astro muerto que exhala emanaciones nocivas como un cadáver; vampiriza la tierra y a sus habitantes, de manera que si uno se duerme bajo sus rayos (a menos de estar protegido por un vestido blanco), experimenta sus malos efectos, perdiendo algo de fuerza vital. Bajo su influencia las plantas adquieren cualidades maléficas, y las que son venenosas tienen mayor actividad cuando se las coge bajo los rayos lunares. Tal influencia varía, sin embargo, segun las fases del astro nocturno. Así leemos en el Zend-Avesta que la luna calienta, da ánimo y comunica paz; cuando está en el novilunio y plenilunio favorece el crecimiento, el desarrollo y la vegetación, y tiene generalmente una influencia bienhechora y saludable. –Esotéricamente, la luna es símbolo del Manas inferior, y también lo es de la Luz Astral (Doctr. Secr., III, 562)]. (G.T. H.P.B.)

domingo, 5 de octubre de 2008

Jesus y Krishna


La navidad celebra el supuesto nacimiento de Jesus en ese dia, el dia que su salvador o su mesias vendria al mundo, pero casi nadie sabe que ni nació ese dia (25 de dic) ni que Jesus fue un iniciado que ningun interes tenia en nombrarse hijo de un Dios Hebreo

¿Quien fue Jesús? extracto del glosario teosofico de Madame Blavatsky:



Llamado también Cristo o Jesu-Cristo. Hay que establecer una distinción entre el Jesús histórico y el Jesús mítico. El primero era esenio y nazareno y fue mensajero de la Gran Fraternidad para predicar las antiguas enseñanzas divinas que debían ser la base de una nueva civilización. Por espacio de tres años fue Maestro divino de los hombres y recorrió la Palestina llevando una vida ejemplarísima por su pureza, compasión y amor a la humanidad. Obró multitud de prodigios resucitando muertos, sanando enfermos, volviendo la vista a los ciegos, haciendo andar a los paralíticos y realizando muchos otros actos que, por su carácter extraordinario, se han calificado de “milagros”. La sublimidad de sus doctrinas resalta sobre todo en su célebre Sermón de la Montaña. Como Iniciado que era, enseñó también doctrinas esotéricas, pero éstas las reservaba únicamente para “los pocos”, esto es, para sus discípulos elegidos. Al Jesús histórico se le han atribuído no pocos hechos legendarios que le han convertido en otro personaje puramente mítico, una verdadera copia del dios Krichna, tan venerado en la India. Para probar claramente tal aserto, no hay más que fijarse un poco en el paralelo que entre Jesús y Krichna presenta la autora de Isis sin velo (II, 537-539 de la edición inglesa), y del cual entresacamos las siguientes comparaciones: 1) Jesús es perseguido por Herodes, rey de Judea, pero huye a Egipto, guiado por un ángel; para asegurar su muerte, Herodes ordena el degüello de 40.000 inocentes. –Krichna es perseguido por Kanza, tirano de Mathurâ, pero escapa de una manera milagrosa; esperando matar al niño, el rey hace dar muerte a miles de niños varones. 2) La madre de Jesús era Mariam o Miriam; se casó continuando virgen, pero tuvo varios hijos después del primogénito Jesús. (Véase: Mateo, XIII, 55, 56; Marcos, III, 32-35; VI, 3; Lucas, VIII, 19, 20; y Juan, II, 12; VII, 5-10). –La madre de Krichna era Devakî, una virgen inmaculada (pero había dado a luz ocho hijos antes de Krichna). 3) Jesús obra milagros, echa los demonios del cuerpo, lava los pies de los discípulos, muere, desciende al infierno y sube al cielo después de librar a los muertos. –Krichna hace otro tanto, con la sola diferencia de que lavó los pies a los brahmanes y subió al paraíso Vaikuntha o paraíso de Vichnú. 4) Uno y otro divulgan los secretos del santuario y mueren, Cristo clavado en una cruz (un árbol), y Krichna clavado a un árbol, atravesado el cuerpo con una flecha. –Véase: Devakî, Krichna, etc. (G.T. H.P.B.).

jueves, 8 de noviembre de 2007

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