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miércoles, 22 de febrero de 2012

Darwin vs Blavatsky: El hombre no desciende del mono.


Es verdaderamente extraño que de la más científica de las autoridades sea de donde haya emanado la más anticientífica de todas las teorías sobre el asunto del Origen del Hombre. Es evidente, sobre todo con arreglo a los principios más fundamentales del darwinismo, que un ser organizado no puede descender de otro cuyo desarrollo esté en un orden inverso al suyo. Por consiguiente, con arreglo a estos principios, no puede considerarse al hombre como descendiente de ningún tipo simio.
Todo grupo de organismos tiende a multiplicarse más allá de los medios de subsistencia; la batalla constante de la vida -la “lucha para obtener lo bastante para comer y escapar de  ser comido”, añadida a las condiciones circundantes- necesita una perpetua extirpación de los ineptos. Los selectos de cada agrupación, que de este modo permanecen, propagan las especies y transmiten sus características orgánicas a sus descendientes. Todas las variaciones útiles se perpetúan de esta manera, y se efectúa una mejora progresiva. ¿Qué CAUSA, combinada con otras causas secundarias, produce las “variaciones” en los organismos? Muchas de estas causas secundarias son puramente físicas, climatológicas, de alimentación, etc. Muy bien. Pero más allá de los aspectos secundarios de la evolución orgánica, hay que buscar un principio más profundo. Las “variaciones espontáneas” y las “divergencias accidentales” de los materialistas son términos contradictorios, en un universo de “Materia, Fuerza y NECESIDAD”. La mera variabilidad del tipo, sin la presencia inspeccionadora de un impulso casi inteligente, no puede explicar, por ejemplo, las complejidades estupendas y las maravillas del cuerpo humano. La insuficiencia de la teoría mecánica de los darwinistas ha sido detalladamente expuesta por el Dr. Von Hartmann, entre otros pensadores puramente negativos. El escribir, como lo hace Haeckel, de células ciegas indiferentes, “ordenándose a sí mismas en órganos”, es abusar de la inteligencia del lector.
El darwinismo sólo descubre la Evolución en su punto medio, es decir, cuando la evolución astral ha sido reemplazada por el funcionamiento de las fuerzas físicas ordinarias conocidas por nuestros actuales sentidos. Pero la teoría darwinista, hasta en este punto, aun con los “desarrollos” que últimamente se han intentado, no puede hacer frente a los hechos que el caso presenta. La causa que yace en el fondo de la variación fisiológica de las especies -a la cual todas las otras leyes están subordinadas y son secundarias- es una inteligencia subconsciente que penetra la materia, y que en último término es una REFLEXIÓN de la sabiduría Divina y Dhyân-Chohánica. Un pensador tan conocido como Ed. von Hartmann ha llegado a una conclusión parecida, pues desesperando de la eficacia de la Selección Natural no ayudada, considera a la Evolución como inteligentemente guiada por lo INCONSCIENTE - el Logos Cósmico del Ocultismo. Pero este último actúa sólo empleando como medio a FOHAT, o sea la energía Dhyân Chohánica.
Darwin coloca en el lugar de una fuerza creativa consciente, construyendo y ordenando los cuerpos orgánicos de los animales y plantas con arreglo a un plan designado, una serie de fuerzas naturales operando ciegamente (según nosotros decimos) sin fin y sin designio. En lugar de un acto arbitrario de operación, tenemos una ley de Evolución necesaria... (también la tenían Manu y Kapila, y, al mismo tiempo, Poderes directores conscientes e inteligentes). Darwin, muy sabiamente había dejado a un lado la cuestión de la primera aparición de la vida.

La forma más elevada es la que contiene la explicación completa de la más ínfima, nunca lo contrario.



La teoría de Haeckel de que “el lenguaje surgió gradualmente de algunos simples y rudos sonidos animales”, visto que tal “lenguaje aún permanece entre unas pocas razas del rango más ínfimo”, es por completo incorrecto, según arguye el profesor Max Müller entre otros. Sostiene él que aún no se ha dado explicación plausible alguna de cómo vinieron a la existencia las “raíces” del lenguaje. Para el lenguaje humano se requiere un cerebro humano. Y las cifras que relacionan el tamaño de los cerebros respectivos del hombre y del mono muestran cuán profundo es el abismo que separa a los dos. Vogt dice que el cerebro del mono más grande, el gorila, no mide más que 30’51 pulgadas cúbicas; al paso que el término medio del cerebro de los indígenas australianos de cabeza achatada -la más inferior, actualmente, de las razas humanas- llega a 99’35 pulgadas cúbicas! Los números son testigos rudos, y no saben mentir. Por consiguiente, como observó con verdad el doctor F. Pfaff, cuyas premisas son tan sanas y correctas como necias sus conclusiones bíblicas: El cerebro de los monos más parecidos al hombre no llega a la tercera parte del cerebro de los hombres de las razas más inferiores: no es la mitad del tamaño del cerebro de un recién nacido.

Por lo anterior es, pues, muy fácil de ver que para probar las teorías Huxley-Haeckelianas de la ascendencia del hombre, no es uno, sino un gran número de “eslabones perdidos” -una verdadera escala de progresivos peldaños evolucionarios- que tendrían primeramente que encontrarse y luego ser presentados por la Ciencia a la presente humanidad pensante y razonadora, antes de que ella abandonase su creencia en los Dioses y en el Alma inmortal, para rendir culto a los antecesores cuadrúmanos.

La teoría de Darwin las transmutaciones no tienen lugar ni por la casualidad ni en todas las direcciones. Son ellas regidas por ciertas leyes debidas a la organización misma. Si un organismo se modifica una vez en una dirección dada, puede sufrir cambios secundarios o terciarios; pero conservará la impresión del original. Dos seres pertenecientes a dos tipos distintos pueden referirse a un antecesor común, pero el uno no puede ser descendiente del otro. Ahora bien; el hombre y el mono presentan un contraste muy sorprendente por lo que respecta al tipo. Sus órganos corresponden casi exactamente término por término; pero estos órganos están arreglados bajo un plan muy distinto. En el hombre están ordenados de modo que es esencialmente un andador, mientras que en el mono necesitan que sea un trepador... Hay aquí una diferencia anatómica y mecánica. La consecuencia de estos hechos, desde el punto de vista de la aplicación lógica de la ley de las caracterizaciones permanentes, es que el hombre no puede descender de un antecesor ya caracterizado como mono, como no puede descender un mono catarrino sin cola, de un catarrino con ella. Un animal caminante no puede descender de uno trepador. Esto fue claramente comprendido por Vogt.
 Al colocar al hombre entre los primates, declara él sin vacilar que las clases más ínfimas de los monos han pasado el jalón (el antecesor común) de que han partido y divergido los diferentes tipos de familia. (A este antecesor de los monos lo ve la Ciencia Oculta en el grupo humano más inferior durante el período Atlante, como se ha indicado). Debemos pues, colocar el origen del hombre más allá del último mono (lo que corrobora nuestra doctrina), si queremos adherirnos a una  de las leyes más estrictamente necesarias a la teoría darwiniana.

Sin  embargo, tenemos una cosa en común con la escuela darwinista, y es la ley de la evolución gradual y extremadamente lenta, abarcando muchos millones de años. El pleito principal, según parece, está en lo que se refiere a la naturaleza del “antecesor” primitivo. Se nos dirá que el Dhyân Chohan, o el “progenitor” del Manu, es un ser hipotético desconocido en el plano físico. Contestamos que toda la Antigüedad creía en él, y que hoy creen las nueve décimas partes de la humanidad presente; mientras que no sólo es el hombre pitecoide u hombre-mono un ser puramente hipotético de la creación de Haeckel, desconocido e incontrable en esta Tierra, sino que además su genealogía -según él la ha inventado- choca con los hechos científicos, y con todos los datos conocidos de los descubrimientos modernos de la Zoología. Es sencillamente un absurdo, aun como ficción. Según demuestra De Quatrefages en pocas palabras, Haeckel “admite la existencia de un hombre pitecoide absolutamente teórico” - cien veces más difícil de aceptar que cualquier antecesor Deva. Y no es éste el único ejemplo en que procede de un modo semejante, a fin de completar su cuadro genealógico. En una palabra: él mismo admite su invención cándidamente; pues confiesa la no existencia de su Sozura (estado catorce) - un ser completamente desconocido para la Ciencia - al confesar bajo su propia firma que: La prueba de su existencia se funda en la necesidad de un tipo intermedio entre los estados trece y catorce.

¿Cuáles son esas pruebas decisivas de la descendencia del hombre de un antecesor pitecoide? Si la teoría darwinista no es la verdadera, se nos dice; si el hombre y el mono no descienden de un antecesor común, entonces tenemos que explicar la razón de:
            I. La semejanza de estructura entre los dos; el hecho de que el mundo animal superior -el hombre y la bestia- sea físicamente de un tipo o modelo.
            II. La presencia de órganos rudimentarios en el hombre, esto es, rastros de órganos anteriores, ahora atrofiados por falta de uso. Algunos de estos órganos, se asegura, no hubieran tenido ningún objeto, excepto en un monstruo semianimal, semiarbóreo. ¿Por qué, además, encontramos en el hombre esos órganos “rudimentarios” -tan inútiles como inútil es el ala rudimentaria al aptérix de Australia-, el apéndice vermiforme del caecum, los músculos de los oídos, la “cola rudimentaria”, con la cual nacen todavía algunos niños, etc.?



           
Entre las criaturas existentes no hay una sola forma intermedia que pueda llenar el vacío que existe entre el hombre y el mono. Ignorar este vacío, añadía, “sería tan injusto como absurdo”.
Finalmente, lo absurdo de semejante descendencia antinatural del hombre es tan palpable, en vista de todas las pruebas y testimonios que resultan de la comparación del cráneo del pitecoide con el del hombre, que De Quatrefages acudió inconscientemente a nuestra teoría esotérica, diciendo que más bien son los monos los que pueden pretender su descendencia del hombre, que no lo contrario. Según Gratiolet ha probado, respecto de las cavidades del cerebro de los antropoides -en cuyas especies se desarrolla este órgano en razón inversa a lo que sucedería si los órganos correspondientes en el hombre fueran realmente producto del desarrollo de tales órganos en el mono-, el tamaño del cráneo humano y de su cerebro, así como las cavidades, aumentan con el desarrollo individual del hombre. Su inteligencia se desarrolla y aumenta con la edad, al paso que sus huesos faciales y quijadas disminuyen y se fortalecen, haciéndose así más y más espiritual, mientras que con el mono sucede lo contrario. En su juventud, el antropoide es mucho más inteligente y bueno, al paso que con la edad se hace más obtuso; y, a medida que su cráneo retrocede y parece disminuir, según va creciendo, sus huesos faciales y quijadas se desarrollan, y el cráneo se aplasta finalmente y se echa por completo atrás, marcándose cada día más el tipo animal. El órgano del pensamiento, el cerebro, retrocede y disminuye, completamente dominado y reemplazado por el de la fiera, el aparato de las quijadas.
Debido al tipo mismo de su desarrollo, el hombre no puede descender ni del mono ni de un antecesor común al mono y al hombre, sino que indica que su origen es de un tipo muy superior a él mismo. Y este tipo es el “Hombre Celeste”; los Dyân Chohans, o los llamados Pitris, según se ha manifestado en la Parte I del volumen III. Por otra parte, el pitecoide, el orangután, el gorila y el chimpancé, pueden, como la Ciencia Oculta lo enseña, descender de la Cuarta Raza-Raíz humana animalizada, siendo un producto del hombre y de especies de mamíferos ya extinguidas -cuyos remotos antecesores eran, a su vez, producto de la bestialidad lemura- y que vivían en el período Mioceno. La ascendencia de este monstruo semi-humano se explica en las Estancias como teniendo origen en el pecado de las razas “sin mente”, en el período medio de la Tercera Raza.
           
Lo mismo acontece con la importante cuestión de los órganos “rudimentarios” descubiertos por los anatómicos en el organismo humano. Indudablemente, esta clase de argumentación, manejada por Darwin y Haeckel contra sus adversarios europeos, resultó de gran peso. Los antropólogos, que se atrevieron a disputar la derivación del hombre de antecesores animales, se encontraron totalmente embarazados para explicar la presencia de agallas, el problema de la “cola”, etc. En este punto también viene el Ocultismo en nuestro apoyo, con los informes necesarios.
El hecho es que, según se ha dicho ya, el tipo humano es el repertorio de todas las formas orgánicas potenciales y el punto central de donde éstas irradian. En este postulado encontramos una verdadera “evolución” o “desenvolvimiento”, en un sentido que no puede decirse que pertenezca a la teoría mecánica de la Selección Natural. Criticando las deducciones de Darwin de los “rudimentos”, un hábil escritor observa:

¿Por qué no ha de tener la misma probabilidad de ser una hipótesis verdadera el suponer que el hombre fue primeramente creado con esas señales rudimentarias en su organización, las cuales se convirtieron en apéndices útiles en los animales inferiores en que el hombre degeneró, como suponer que estas partes existían en completo desarrollo, actividad y uso práctico en los animales inferiores de los cuales fue generado el hombre?.

Léase en lugar de “en los cuales el hombre degeneró”, “los prototipos que el hombre esparció, en el curso de sus desenvolvimientos astrales”, y tendremos ante nosotros un aspecto de la verdadera solución esotérica. Pero ahora vamos a formular una generalización más amplia.
En lo que concierne a nuestro presente período terrestre de la Cuarta Ronda, sólo la fauna mamífera puede considerarse originada de los prototipos desprendidos del Hombre. Los anfibios, los pájaros, reptiles, peces, etcétera, son los resultados de la Tercera Ronda, formas astrales fósiles, almacenadas en la cubierta áurica de la Tierra, y proyectadas en objetividad física, subsiguientemente a la deposición de las primeras rocas laurenianas. La “Evolución” tiene efecto en las modificaciones progresivas que la Paleontología muestra que han afectado a los reinos inferiores, animal y vegetal, en el curso del tiempo geológico. No toca, ni puede tocar, por la misma naturaleza de las cosas, al asunto de los tipos prefísicos que sirvieron de base a la futura diferenciación. Puede, seguramente, determinar las leyes generales que dirigen el desarrollo de los organismos físicos; y, hasta cierto punto, ha desempeñado hábilmente la tarea.
Los mamíferos cuyos primeros rastros se descubren en los marsupiales de las rocas triásicas de la época Secundaria, fueron evolucionados de progenitores puramente astrales, contemporáneos de la Segunda Raza. Son, pues, posthumanos, y, por consiguiente, es fácil explicarse la semejanza general entre sus estados embrionarios y los del Hombre, quien necesariamente encierra en sí y compendia en su desarrollo los rasgos del grupo que originó. Esta explicación desecha una parte del epítome darwinista.
Pero ¿cómo explicar la presencia de las agallas en el feto humano, las cuales representan el estado por el cual pasan en su desarrollo las branquias del pez; el vaso palpitante que corresponde al corazón de los peces inferiores y el cual constituye el corazón del feto; la completa analogía que presenta la segmentación del óvulo humano, la formación del blastodermo y la aparición del estado “gástrula” con estados correspondientes de la vida vertebrada inferior y aun entre las esponjas; los diversos tipos de la vida animal inferior que la forma del futuro niño delinea en el ciclo de su crecimiento?... ¿Cómo es que sucede que ciertos estados de la vida de los peces, cuyos antecesores nadaron (evos antes de la época de la Primera Raza) en los mares del período Siluriano, así como también estados de la fauna anfibia y reptil posterior, se reflejen en la “historia compendiada” del desarrollo del feto humano?
Esta objeción plausible es contestada con la explicación de que las formas animales terrestres de la Tercera Ronda se referían tanto a los tipos plasmados por el Hombre de la Tercera Ronda, como esa nueva importación en el área de nuestro planeta -el tronco mamífero- se refiere a la Humanidad de la Segunda Raza-Raíz de la Cuarta Ronda. El proceso del desarrollo del feto humano compendia, no sólo las características generales de la vida terrestre de la Cuarta Ronda, sino también las de la Tercera. El diapasón del tipo es recorrido en compendio. Los Ocultistas, pues, no se ven apurados para “explicarse” el nacimiento de niños con un verdadero apéndice caudal, o el hecho de que la cola en el feto humano sea, en cierto período, de doble tamaño que las nacientes piernas. La potencialidad de todos los órganos útiles a la vida animal está encerrada en el Hombre -el Microcosmo del Macrocosmo- y con alguna frecuencia condiciones anormales pueden dar por resultado los extraños fenómenos que los darwinistas consideran como una “reversión a rasgos de antecesores”. Reversión, verdaderamente; pero no en el sentido que suponen nuestros empíricos de hoy. 
Tomado de la Doctrina Secreta de HPB, Vol. 4





jueves, 18 de marzo de 2010

Algunas consideraciones sobre el Sol y la Luna



El Sol
El Sol es el corazón del Mundo Solar (Sistema), y su cerebro está oculto detrás del Sol (visible). De allí, la sensación es irradiada hacia cada centro nervioso del gran cuerpo, y las ondas de la esencia de vida, fluyen hacia dentro de cada arteria y vena... Los planetas son sus miembros y pulsaciones.
Se ha declarado en otro lugar (1) que la Filosofía Oculta niega que el Sol sea un globo en combustión, sino que lo define simplemente como un mundo, una esfera resplandeciente, estando oculto el verdadero Sol detrás, y siendo el Sol visible sólo un reflejo, su concha. Las hojas de sauce de Nasmyth que Sir John Herschel tomó por “habitantes solares”, son los depósitos de la energía vital solar; “la electricidad vital que alimenta a todo el sistema; el sol in abscondito siendo así el depósito de nuestro pequeño Cosmos, generando él mismo su fluido vital y recibiendo siempre tanto como da”, y el Sol visible sólo una ventana abierta en el verdadero palacio y presencia solares, que sin embargo revela sin alteración la labor interna.



De esta manera, durante el período solar manvantárico, o vida, hay una circulación regular del fluido vital de un extremo al otro de nuestro Sistema, del cual el Sol es el corazón, como la circulación de la sangre en el cuerpo humano; contrayéndose el Sol tan rítmicamente como lo hace el corazón humano después de cada vuelta de ella. Sólo que en vez de ejecutar su curso en un segundo, aproximadamente, emplea la sangre solar diez de sus años para circular, y un año entero para pasar por su aurícula y ventrículo antes de que ella bañe los pulmones y vuelva a las grandes arterias y venas del Sistema.



Esto no lo negará la Ciencia, puesto que la Astronomía conoce el ciclo fijo de once años en que aumenta el número de las manchas solares (2), siendo debido el aumento a la contracción del Corazón Solar. El Universo, en este caso nuestro Mundo, respira, como lo hace sobre la Tierra el hombre y toda criatura viviente, la planta y hasta el mineral; y como nuestro globo mismo respira cada veinticuatro horas. La región oscura no es debida a la “absorción ejercida por los vapores emitidos del seno del Sol, e interpuestos entre el observador y la fotosfera” como lo quisiera el Padre Secchi (3), ni están formadas las manchas “por la materia misma (materia ardiente gaseosa) que la irrupción proyecta sobre el disco solar”. El fenómeno es semejante a la pulsación regular y sana del corazón, al pasar el líquido de la vida por los orificios de sus músculos. Si se pudiese hacer luminoso el corazón humano y hacerse visible el órgano viviente y palpitante, de modo que se obtuviera su reflejo sobre un lienzo, como acostumbran hacer los profesores de Astronomía para mostrar la Luna, por ejemplo, entonces todo el mundo vería el fenómeno de las manchas solares repetirse cada segundo, y que son debidas a la contracción e ímpetu de la sangre.
Leemos en una obra sobre geología que el sueño de la ciencia es que:

Todos los cuerpos simples admitidos, se descubrirá algún día que son tan sólo modificaciones de un solo elemento material (4).

Esto mismo ha enseñado la filosofía oculta desde que existe el lenguaje humano, añadiendo, sin embargo, fundándose en el principio de la ley inmutable de analogía, “como es arriba, así es abajo”, otro de sus axiomas, que no existe Espíritu ni Materia en realidad, sino sólo innumerables aspectos del eternamente oculto Es, o Sat.

La Luna

En realidad, la Luna es el satélite de la Tierra sólo en un sentido, o sea en el de que la Luna gira en torno de la Tierra. Pero en cada uno de los demás aspectos, es la Tierra el satélite de la Luna y no viceversa.



Por sorprendente que parezca esta declaración, no dejan de confirmarla los conocimientos científicos. Son evidencias en favor de ello las mareas, los cambios cíclicos en muchas formas de enfermedades que coinciden con las fases lunares; puede observarse en el desarrollo de las plantas, y es muy marcada su influencia en los fenómenos de la concepción y gestación humanas. La importancia de la Luna y su influencia sobre la Tierra eran reconocidas por todas las antiguas religiones, especialmente por la judía, y han sido notadas por muchos observadores de fenómenos psíquicos y físicos. Pero, según todo cuanto la Ciencia conoce, la acción de la Tierra sobre la Luna hállase limitada a la atracción física, que es causa de que gire en su órbita. Y si alguien persistiese en objetar que este hecho constituye por sí solo una prueba suficiente de que la Luna es verdaderamente el satélite de la Tierra en otros planos de acción, puede contestársele preguntando si una madre que pasea en torno de la cuna de su niño velando por él, está subordinada a su hijo o si depende de él. Aun cuando en un sentido ella es su satélite, sin embargo es ciertamente superior en años y en desarrollo al niño por quien vela.



La Luna es, pues, quien representa el papel principal y de mayor importancia, tanto en la formación de la Tierra misma, como en lo referente a poblarla de seres humanos. Las Mónadas Lunares o Pitris, los antecesores del hombre, se convierten en realidad en el hombre mismo. Son las Mónadas que entran en el ciclo de evolución en el Globo A, y que pasando en torno de la Cadena de Globos, desenvuelven la forma humana, tal como se ha demostrado antes. Al principio del estado humano de la Cuarta Ronda en este Globo, ellos “exudan” sus dobles astrales, de las formas “parecidas al mono” que han desarrollado en la Ronda III. Y esta forma sutil, más delicada, es la que sirve como modelo, en torno del cual, la Naturaleza construye al hombre físico. Estas Mónadas, o Chispas Divinas, son así los Antepasados Lunares, los Pitris mismos; pues estos Espíritus Lunares tienen que convertirse en “hombres”, con objeto de que sus Mónadas puedan alcanzar un plano más elevado de actividad y de conciencia propia, o sea el plano de los Mânasa-Putras, los que dotan de “mente” a las envolturas “inconscientes”, creadas y animadas por los Pitris, en el último período de la Tercera Raza-Raíz.
notas:

1.     The Theosophist.
2.     No sólo no niega el hecho, aunque lo atribuye a una causa errónea, contradiciéndose, como siempre, las teorías unas a otras (véase las teorías de Secchi, de Faye y de Young), haciendo depender las manchas de la acumulación superficial de vapores más fríos de la fotosfera (¿), etcétera, etc., sino que tenemos hombres de ciencia que astrologizan con las manchas. El profesor Jevons atribuye todas las grandes crisis comerciales periódicas a la influencia de las manchas solares cada undécimo año cíclico. (Véase sus Investigations into Currency and Finance). Seguramente esto es digno de elogio y merece estímulo.
3.     Le Soleil, II, 184.
4.     World-Life, pág. 48.

Notas y texto tomados de la Doctrina Secreta, de H.P.Blavatsky. 

sábado, 19 de septiembre de 2009

DEMON EST DEUS INVERSUS


Esta frase simbólica, en sus múltiples formas, es ciertamente muy peligrosa e iconoclasta frente a todas las últimas religiones dualistas, o más bien teologías, y especialmente a la luz del cristianismo. Sin embargo, no sería justo ni exacto decir que el Cristianismo es el que ha concebido y dado luz a Satán. Como “Adversario”, como Poder opuesto requerido por el equilibrio y la armonía de las cosas en el Universo, así como es necesaria la sombra para hacer resaltar la Luz, la Noche para poner más de relieve al Día, y así como el Frío hace apreciar más la bondad del calor, así ha existido siempre Satán. La Homogeneidad es una e indivisible. Pero si el Uno y Absoluto homogéneo no es una mera figura del lenguaje; y si lo Heterogéneo, en su aspecto dual, es su producción, su sombra o reflejo bifurcado, entonces aquella Homogeneidad divina tiene que contener en sí misma tanto la esencia de lo bueno como de lo malo. Si “Dios” es Absoluto, Infinito y Raíz Universal de todas las cosas en la Naturaleza y en su Universo, ¿de dónde viene el Mal o el Demonio, sino de la misma Matriz áurea del Absoluto? Así pues, o tenemos que aceptar la emanación del bien y del mal, de Agathodaemon y de Kakodaemon, como ramas del mismo tronco del Árbol de la Existencia, o tenemos que resignarnos al absurdo de creer en dos Absolutos eternos.

Teniendo que buscar el origen de la idea en los mismos principios de la mente humana, es de justicia entretanto conceder lo suyo hasta al Diablo proverbial. La antigüedad no conocía ningún “Dios del mal” aislado, completa y absolutamente malo. El pensamiento pagano representaba al bien y al mal como hermanos gemelos, nacidos de la misma madre, la Naturaleza; tan pronto como aquel pensamiento se perdió, haciéndose arcaico, la Sabiduría se convirtió en Filosofía. En el principio, los símbolos del bien y del mal eran meras abstracciones, Luz y Tinieblas; más tarde, sus tipos fueron elegidos entre los fenómenos cósmicos más naturales y siempre repetidos periódicamente, el Día y la Noche, o el Sol y la Luna. Luego fueron representados por las Huestes de las Deidades del Sol y de la Luna, y el Dragón de las Tinieblas fue el contraste del Dragón de la Luz. La Hueste de Satán es Hija de Dios, lo mismo que la Hueste de B’ne Alhim, los Hijos de Dios que fueron a “presentarse ante el Señor”, su Padre (1). “Los Hijos de Dios” se convirtieron en “Ángeles caídos” sólo cuando comprendieron que las hijas de los hombres “eran hermosas” (2).


En la filosofía inda, los Suras estaban clasificados entre los dioses más primitivos y resplandecientes, y se convirtieron en Asuras sólo cuando fueron destronados por la fantasía brahmánica. Satán no tomó nunca la forma antropomórfica, individualizada, hasta que se completó la creación por el hombre, de “un Dios personal viviente”; y entonces sólo como una cosa de principal necesidad. Era necesaria una pantalla, un testaferro para explicar la crueldad, los errores y la injusticia demasiado evidentes, perpetrados por aquél a quien se atribuía la perfección, la misericordia y la bondad absolutas. Éste fue el primer efecto kármico de abandonar un Panteísmo filosófico y lógico, para construir, como apoyo para el hombre perezoso, “un Padre misericordioso en el Cielo”, cuyas acciones diarias y de cada momento, como Natura Naturans, la “Madre hermosa, pero fría como el mármol”, desmienten la suposición. Ésta condujo al concepto de los gemelos primitivos Osiris-Tifón, Ormazd-Ahriman, y por último Caín-Abel y el tutti quanti de los opuestos.
Habiendo empezado “Dios”, el Creador, por ser sinónimo de Naturaleza, terminó por ser convertido en su autor. Pascal resuelve muy artificiosamente la dificultad, diciendo:

La Naturaleza tiene perfecciones para mostrar que es la imagen de Dios; y defectos para indicar que es tan sólo su imagen.


Mientras más se profundiza en la obscuridad de las edades prehistóricas, más filosófica aparece la figura prototípica del último Satán. El primer “Adversario”, en forma individual humana, que se encuentra en la antigua literatura puránica, es uno de sus más grandes Rishis y Yoguis - Nârada, llamado “el Productor de las contiendas”.
Él es un Brahmaputra, un hijo de Brahmâ, el masculino. Pero más adelante nos ocuparemos de él. Quien sea en realidad el gran “Impostor”, se puede poner en claro, investigando el asunto, con los ojos abiertos y la mente libre de prejuicios, en todas las Cosmogonías y Escrituras antiguas.
Es al Demiurgo antropomorfizado, al Creador de Cielos y Tierra, separado de la Hueste colectiva de sus Creadores Compañeros, a quien, por decirlo así, representa y sintetiza. Ahora es el Dios de las Teologías. “El deseo es padre del pensamiento”. Ocurrió una vez que un símbolo filosófico abandonó a la perversa imaginación humana; después tomó la forma de un Dios diabólico, engañador, astuto y celoso.
Como los Dragones y otros Ángeles Caídos se describen en otras partes de esta obra, bastarán ahora unas cuantas palabras sobre el tan maltratado Satán. El estudiante debe tener presente que en todo el mundo, excepto en las naciones cristianas, el Diablo no es hasta hoy más que el aspecto opuesto, en la naturaleza dual del llamado Creador. Esto es natural. No puede pretenderse que Dios sea la síntesis de todo el Universo; que sea Omnipresente, Omnisciente e Infinito, y divorciarlo luego del Mal. Como hay mucho más Mal que Bien en el mundo, se deduce lógicamente que o bien Dios tiene que abarcar el Mal y ser causa directa del mismo, o de lo contrario abandonar toda pretensión a la Absolutividad. Los antiguos comprendían esto tan bien, que sus filósofos, a quienes siguen ahora los kabalistas, definían el Mal como el “revestimiento” de Dios, o el Bien; y Demon est Deus inversus es un adagio muy antiguo. Verdaderamente, el Mal no es sino una fuerza ciega competidora en la Naturaleza; es la reacción, la oposición y el contraste -el mal para unos, el bien para otros-. No hay malum in se, sino sólo la Sombra de la Luz, sin la cual ésta no podría tener existencia, ni aun para nuestra percepción. Si el Mal desapareciese, el Bien también desaparecería con él de la Tierra. El “Antiguo Dragón” era Espíritu puro antes de convertirse en Materia; era pasivo antes de ser activo. En la Magia sirio-caldea, tanto Ophis como Ophiomorphos, se juntan en el Zodíaco en el signo Andrógino Virgo Scorpio. Antes de su caída en la tierra, la Serpiente era Ophis-Christos; y después de su caída, se convirtió en Ophiomorphos-Chrestos. En todas partes las especulaciones de los kabalistas tratan al Mal como una Fuerza que es contraria, pero al mismo tiempo esencial para el Bien, dándole la vitalidad y existencia que, de otro modo, no podría tener. No habría Vida posible (en el sentido mayávico) sin la Muerte; ninguna regeneración ni reconstrucción sin destrucción. Las plantas perecerían bajo una luz solar eterna, y lo mismo le sucedería al hombre, que se convertiría en un autómata sin el ejercicio de su libre albedrío, y sin su aspiración hacia la luz, que perdería su ser y su valor para él si no hubiese otra cosa. El Bien es infinito y eterno tan sólo en lo eternamente oculto para nosotros, y por esto nos lo imaginamos eterno. En los planos manifestados, uno equilibra al otro. Pocos son los deístas creyentes en un Dios Personal que no hagan de Satán la sombra de Dios, o que, confundiendo a ambos, no crean tener derecho para rogar a su ídolo, pidiéndole su ayuda y protección para la ejecución e inmunidad de sus actos malos y crueles. “No nos hagas caer en la tentación”, es la oración que dirigen a “nuestro Padre en el Cielo”, y no al Diablo, millones de corazones cristianos. Esto lo hacen repitiendo las mismas palabras que ponen en la boca de su Salvador, y sin embargo no se les ocurre pensar en el hecho de que su significado lo contradice por completo Santiago, “el hermano del Señor”.
Que no diga hombre alguno cuando siente la tentación, estoy tentado por Dios; pues Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta él a hombre alguno (3).

¿Por qué, pues, decir que el Diablo es quien nos tienta, cuando la Iglesia nos enseña, bajo la autoridad de Cristo, que es Dios quien lo hace? Abrid cualquier libro piadoso en donde se defina la palabra “tentación” en su sentido teológico, y encontraréis en seguida dos definiciones:

(1ª) Aquellas aflicciones y penas con las cuales prueba Dios a los suyos. (2ª) Aquellos medios e incitaciones empleadas por el Demonio para engañar y alucinar a la Humanidad (4).

Las enseñanzas de Cristo y de Santiago se contradicen al ser aceptadas literalmente; ¿y qué dogma puede reconciliar las dos si se rechaza el significado oculto?
¡Entre las alternativas seducciones, sabio será el filósofo que pueda decidir dónde Dios desaparece para ser reemplazado por el Diablo! Por lo tanto, cuando leemos que “el Demonio es un mentiroso y el padre de la mentira”, que es la mentira encarnada, y se nos dice al mismo tiempo que Satán, el Demonio, era un Hijo de Dios y el más hermoso de sus Arcángeles, antes que creer que el Padre y el Hijo son una Mentira gigantesca, personificada y eterna, preferimos dirigirnos a la filosofía pagana y a la panteísta, para informarnos.

Texto tomado de La Doctrina Secreta Vol. 2 de H.P. Blavatsky

viernes, 12 de diciembre de 2008

Escuela de Otoño





En la Sociedad Teosófica, sede nacional mexicana, se celebra cada año una escuela, donde es tratado un tema, que en esta ocasión fue "El Peregrino en la Eternidad". Se le llama escuela de otoño porque siempre se lleva a cabo en otoño, esa estación café.
¿Por qué peregrino en la eternidad? El hombre es un peregrino, su esencia, sus tres cuerpos mas elevados nunca mueren, sino sólo sus 4 cuerpos inferiores, y en cada encarnación, esos 3 cuerpos se revisten de materia fisica y astral, pero la esencia va peregrinando por la eternidad, hasta el final del manvantara, donde se hará uno con el Uno.
"Ahora bien; la evolución de la forma externa o cuerpo en torno del astral, es producida por las fuerzas terrestres, lo mismo que en el caso de los reinos inferiores; pero la evolución del Hombre interno o real, es puramente espiritual. Ya no es el paso de la Mónada impersonal al través de muchas y variadas formas de materia -dotadas todo lo más con instinto y conciencia en un plano por completo diferente-, como en el caso de la evolución externa; es un viaje del “Alma-Peregrino” al través de estados diversos, no sólo de materia, sino de conciencia y percepción propias, o de percepción desde la conciencia del conocimiento interno...Pero durante todo el transcurso del tiempo es, sin embargo, una y la misma Mónada, diferenciándose solamente en sus encarnaciones al través de sus ciclos, que continuamente se suceden, de obscuración parcial o total del espíritu, o de obscuración parcial o total de la materia -dos antítesis polares- según asciende a los reinos de la espiritualidad mental, o desciende a los abismos de la materia."
Asi explica un poco Blavatsky en la doctrina secreta vol. 1 el porque se le llama al hombre un peregrino.
Gracias a Huauhtli por las fotos del evento.
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