jueves, 18 de marzo de 2010

Algunas consideraciones sobre el Sol y la Luna



El Sol
El Sol es el corazón del Mundo Solar (Sistema), y su cerebro está oculto detrás del Sol (visible). De allí, la sensación es irradiada hacia cada centro nervioso del gran cuerpo, y las ondas de la esencia de vida, fluyen hacia dentro de cada arteria y vena... Los planetas son sus miembros y pulsaciones.
Se ha declarado en otro lugar (1) que la Filosofía Oculta niega que el Sol sea un globo en combustión, sino que lo define simplemente como un mundo, una esfera resplandeciente, estando oculto el verdadero Sol detrás, y siendo el Sol visible sólo un reflejo, su concha. Las hojas de sauce de Nasmyth que Sir John Herschel tomó por “habitantes solares”, son los depósitos de la energía vital solar; “la electricidad vital que alimenta a todo el sistema; el sol in abscondito siendo así el depósito de nuestro pequeño Cosmos, generando él mismo su fluido vital y recibiendo siempre tanto como da”, y el Sol visible sólo una ventana abierta en el verdadero palacio y presencia solares, que sin embargo revela sin alteración la labor interna.



De esta manera, durante el período solar manvantárico, o vida, hay una circulación regular del fluido vital de un extremo al otro de nuestro Sistema, del cual el Sol es el corazón, como la circulación de la sangre en el cuerpo humano; contrayéndose el Sol tan rítmicamente como lo hace el corazón humano después de cada vuelta de ella. Sólo que en vez de ejecutar su curso en un segundo, aproximadamente, emplea la sangre solar diez de sus años para circular, y un año entero para pasar por su aurícula y ventrículo antes de que ella bañe los pulmones y vuelva a las grandes arterias y venas del Sistema.



Esto no lo negará la Ciencia, puesto que la Astronomía conoce el ciclo fijo de once años en que aumenta el número de las manchas solares (2), siendo debido el aumento a la contracción del Corazón Solar. El Universo, en este caso nuestro Mundo, respira, como lo hace sobre la Tierra el hombre y toda criatura viviente, la planta y hasta el mineral; y como nuestro globo mismo respira cada veinticuatro horas. La región oscura no es debida a la “absorción ejercida por los vapores emitidos del seno del Sol, e interpuestos entre el observador y la fotosfera” como lo quisiera el Padre Secchi (3), ni están formadas las manchas “por la materia misma (materia ardiente gaseosa) que la irrupción proyecta sobre el disco solar”. El fenómeno es semejante a la pulsación regular y sana del corazón, al pasar el líquido de la vida por los orificios de sus músculos. Si se pudiese hacer luminoso el corazón humano y hacerse visible el órgano viviente y palpitante, de modo que se obtuviera su reflejo sobre un lienzo, como acostumbran hacer los profesores de Astronomía para mostrar la Luna, por ejemplo, entonces todo el mundo vería el fenómeno de las manchas solares repetirse cada segundo, y que son debidas a la contracción e ímpetu de la sangre.
Leemos en una obra sobre geología que el sueño de la ciencia es que:

Todos los cuerpos simples admitidos, se descubrirá algún día que son tan sólo modificaciones de un solo elemento material (4).

Esto mismo ha enseñado la filosofía oculta desde que existe el lenguaje humano, añadiendo, sin embargo, fundándose en el principio de la ley inmutable de analogía, “como es arriba, así es abajo”, otro de sus axiomas, que no existe Espíritu ni Materia en realidad, sino sólo innumerables aspectos del eternamente oculto Es, o Sat.

La Luna

En realidad, la Luna es el satélite de la Tierra sólo en un sentido, o sea en el de que la Luna gira en torno de la Tierra. Pero en cada uno de los demás aspectos, es la Tierra el satélite de la Luna y no viceversa.



Por sorprendente que parezca esta declaración, no dejan de confirmarla los conocimientos científicos. Son evidencias en favor de ello las mareas, los cambios cíclicos en muchas formas de enfermedades que coinciden con las fases lunares; puede observarse en el desarrollo de las plantas, y es muy marcada su influencia en los fenómenos de la concepción y gestación humanas. La importancia de la Luna y su influencia sobre la Tierra eran reconocidas por todas las antiguas religiones, especialmente por la judía, y han sido notadas por muchos observadores de fenómenos psíquicos y físicos. Pero, según todo cuanto la Ciencia conoce, la acción de la Tierra sobre la Luna hállase limitada a la atracción física, que es causa de que gire en su órbita. Y si alguien persistiese en objetar que este hecho constituye por sí solo una prueba suficiente de que la Luna es verdaderamente el satélite de la Tierra en otros planos de acción, puede contestársele preguntando si una madre que pasea en torno de la cuna de su niño velando por él, está subordinada a su hijo o si depende de él. Aun cuando en un sentido ella es su satélite, sin embargo es ciertamente superior en años y en desarrollo al niño por quien vela.



La Luna es, pues, quien representa el papel principal y de mayor importancia, tanto en la formación de la Tierra misma, como en lo referente a poblarla de seres humanos. Las Mónadas Lunares o Pitris, los antecesores del hombre, se convierten en realidad en el hombre mismo. Son las Mónadas que entran en el ciclo de evolución en el Globo A, y que pasando en torno de la Cadena de Globos, desenvuelven la forma humana, tal como se ha demostrado antes. Al principio del estado humano de la Cuarta Ronda en este Globo, ellos “exudan” sus dobles astrales, de las formas “parecidas al mono” que han desarrollado en la Ronda III. Y esta forma sutil, más delicada, es la que sirve como modelo, en torno del cual, la Naturaleza construye al hombre físico. Estas Mónadas, o Chispas Divinas, son así los Antepasados Lunares, los Pitris mismos; pues estos Espíritus Lunares tienen que convertirse en “hombres”, con objeto de que sus Mónadas puedan alcanzar un plano más elevado de actividad y de conciencia propia, o sea el plano de los Mânasa-Putras, los que dotan de “mente” a las envolturas “inconscientes”, creadas y animadas por los Pitris, en el último período de la Tercera Raza-Raíz.
notas:

1.     The Theosophist.
2.     No sólo no niega el hecho, aunque lo atribuye a una causa errónea, contradiciéndose, como siempre, las teorías unas a otras (véase las teorías de Secchi, de Faye y de Young), haciendo depender las manchas de la acumulación superficial de vapores más fríos de la fotosfera (¿), etcétera, etc., sino que tenemos hombres de ciencia que astrologizan con las manchas. El profesor Jevons atribuye todas las grandes crisis comerciales periódicas a la influencia de las manchas solares cada undécimo año cíclico. (Véase sus Investigations into Currency and Finance). Seguramente esto es digno de elogio y merece estímulo.
3.     Le Soleil, II, 184.
4.     World-Life, pág. 48.

Notas y texto tomados de la Doctrina Secreta, de H.P.Blavatsky. 

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